GRACIAS POR EL FUEGO by MARIO BENEDETTI

GRACIAS POR EL FUEGO by MARIO BENEDETTI

Author:MARIO BENEDETTI
Language: es
Format: mobi
Tags: det_classic, prose_classic
Published: 2009-07-09T23:00:00+00:00


EDMUNDO BUDIÑO HA MUERTO

, con línea negra al pie de página.

Seguramente Javier, o los jerarcas del Partido, verían la conveniencia de ocultar la verdad a la gran masa de lectores: el gran Prócer ultimado nada menos que por su hijo. Cuando nada hacía prever un desenlace fatal, ha fallecido ayer el doctor Edmundo Budiño, nuestro director, víctima de un síncope cardíaco. No bien trascendió la sorprendente noticia, una ola de consternación ganó nuestra ciudad. Nadie podía creer que Edmundo Budiño, alma parens de todo lo bueno, de todo lo noble que la nación ha construido en cinco décadas de avasallante proceso democrático; nadie podía creer que este infatigable adalid de las causas justas, que este pontífice de la caridad, que este gran corazón uruguayo, hubiese dejado de latir. Y había razón para ese descreimiento popular, porque el corazón enorme, generoso, espléndido, de Edmundo Budiño, seguirá latiendo, no sólo en nuestras páginas que siempre invocarán la magistral tutela de su numen político y moral, sino también en el pueblo, que a través de los años constituyó la preocupación más honda y más sincera del gran hombre. Está bien, pero ¿qué harían conmigo?

Quizá la policía podría encargarse de que yo también muriera de un síncope. Enfermedad hereditaria. El dolor se lleva también al hijo de Edmundo Budiño. Gran conmoción entre las viejitas. El radioteatro hecho realidad. Decididamente no. ¿Qué cuenta, Gabaldón?

Señor Budiño, hace algunos días que deseo hablar con usted, pero no he tenido la suerte de encontrarlo.

Anduve bastante atareado.

No es nada de importancia; sólo detalles a mejorar. ¿Por ejemplo?

Ya van tres veces que me pasa y uno acaba por sentirse un poco provinciano. ¿Siempre el problema de las call-girls?

Siempre. Usted sabe que esta gente no son turistas.

Son gerentes, vicepresidentes, supervisores regionales, y están acostumbrados a las tres categorías. Usted ha estado en Nueva York, señor Budiño; por lo tanto conoce lo bien organizados que están allí los hoteles. Las francesas, cincuenta dólares. Las norteamericanas, cuarenta. Las puertorriqueñas, veinticinco. Esta gente está acostumbrada a las francesas. Están dispuestos a pagar los cincuenta dólares, pero siempre y cuando sean francesas. Para ellos las uruguayas, por bonitas que sean, equivalen a puertorriqueñas, y no les interesa ese nivel. Se las conseguimos a veinticinco dólares, o hasta menos, pero no las quieren.

Ellos no buscan la pichincha, como dicen ustedes, sino las francesas. ¿Y no puede conseguir ninguna? ¿Habló con Dallegri?

Sí, señor, hablé en Dallegri. Pero las únicas francesas son las de la calle Reconquista. Ciudad Vieja en general.

Imposible. Esta gente viene con ideales definidos. No se olvide que son gerentes, vicepresidentes, supervisores regionales. Son gente de jerarquía, no unos cualquiera, como dicen ustedes. Si fueran jugadores de béisbol, vaya y pase, pero son gerentes, vicepresidentes de directorio, supervisores regionales. No vaya a creer, señor Budiño, que estoy echando abajo el producto nacional. Lejos de mi pensamiento. Sé perfectamente que usted y yo preferiríamos las chicas uruguayas, que son verdaderamente bonitas, pero esta gente son gerentes, vicepresidentes, supervisores regionales, personas bastante veteranas, del equipo antiguo, así que desprecian un poco lo criollo.



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